LAS “PRESUNTAS SIMONÍAS” DE CAMPS Y CAÑIZARES


No lo pude evitar, pero el otro día se me revolvían las tripas cuando vi la lamentable foto de ese presunto corrupto -mas “populista” que “popular”- y a la sazón, presidente de la Generalitat valenciana, que es Francisco Camps, abrazando la imagen del Apóstol Santiago. Como puede verse en la foto adjunta, esto es algo que daña a la vista, amén del daño u ofensa al cristianismo porque -como bien ha dicho mi buen amigo y conocido teólogo de la Liberación Juan José Tamayo-, ese gesto es “un acto de profanación de lo sagrado”, mucho mas grave todavía, al llevarlo a cabo un personaje público, pues constituye “ una falta de honestidad y una irreverencia absoluta, mas en un hombre que ha demostrado una corrupción a ese nivel”.
Precisamente era el propio Tamayo, destacado miembro de la Asociación de Teólogos y Teólogas Juan XXIII, quien en el diario Levante declaraba que ese acto rayaba con lo “simoníaco”. La simonía, era una herejía cristiana por que perseguía la compra de lo espiritual por medio de bienes materiales e incluía los cargos eclesiásticos, los sacramentos, las promesas de oración, las indulgencias, la penitencia, la gracia, la jurisdicción eclesiástica o la excomunión. Verdaderamente es el colmo ese uso del marketing religioso que ya habíamos visto en los príncipes de Asturias o en el mismísimo rey que no sabemos si también necesita las indulgencias plenarias para que le sean perdonados sus pecados más ocultos por muy apócrifa que sea su dudosa biografía. No creo que con argucias semejantes pueda uno lavar su mala conciencia, porque al menos en el caso de Camps, estoy con Tamayo quien le acusaba de “manipular la religión en el Año Santo Compostelano de una manera descarada” y de recurrir a la “treta” de la indulgencia plenaria “para ocultar sus vergüenzas corruptas”. Que razón lleva cuando declara abiertamente que “muchos teólogos creemos que por abrazar al apóstol Santiago no se le remiten todos los pecados y comportamientos corruptos cometidos en su vida política”.
La verdad es que esta “presunta herejía” –que aquí el presunto/a desde personajes como el pocero, Fabra o el mismo Camps, mas vale que no lo olvidemos nunca, por si acaso- bien podría emplearse también al impoluto y colirojo monseñor Cañizares que, haciendo méritos ante el Vaticano, o devolviéndole sus favores, publicaba esta semana un artículo justificando el adelanto de la edad para tomar “la primera comunión” establecida bastante precozmente por cierto, hace mas de un siglo, porque –según él- los niños crecen hoy en un “ambiente adverso”.
Como muy bien señala la no menos reconocida teóloga laica Margarita Pintos en Atrio.org es curioso que D. Antonio Cañizares se acuerde de los vetustos concilios Lateranense IV y Tridentino y que sin embargo se olvide del Concilio Vaticano II, mucho mas actual, “en el que se potenció una tendencia a retrasar la primera comunión y la confirmación para que los jóvenes fueran más maduros a la hora de discernir y tomar la decisión de comprometerse con su fe en el seguimiento de Jesús” o más aún que desconozca como “hasta el siglo XIX la práctica habitual en la pastoral fijaba la edad de 12 o 14 años para acceder a los sacramentos”.
Uno que aunque creyente y miembro de las comunidades cristianas populares, siempre se ha opuesto al bautismo de los infantes y por consiguiente a su temprana primera comunión, aún habiendo dado catequesis y llevado a sus hijos a la misma -en el seno de las propias comunidades (nunca en la escuela)-, todavía tiene a un hijo “moro” (así llaman las abuelas a los no bautizados y que me perdonen los hermanos musulmanes) y el otro, tomo la comunión después de bautizarse pasados los 15 años.
Es por todo ello que el hecho de que nuestro flamante cardenal Cañizares, hoy prefecto de la congregación para el Culto Divino, le haga la propaganda al Vaticano que acaba de proponer que los católicos tomen la primera comunión antes de los siete años, nos parece una insensatez (Un atentado Pastoral que dice José Manuel Vidal) que bien podría rayar también -haciendo extensiva esa posible herejía que Tamayo le aplica a Camps- con la simonía. Porque lo que el cardenal cree es que, adelantando la edad de la primera comunión, puede aumentar el número de fieles. Vamos otra vez lo de los católicos nominativos y los sacramentos “ritos sociales”, para hinchar las estadísticas eclesiales. Por eso lo que propone no es sino aumentar el número de creyentes ahora que, según las encuestas del CIS, el descenso de celebraciones sacramentales y de quienes se definen como practicantes o el goteo de gente que se borra del catolicismo es ya mas bien un chorreo. Pero incluso la forma en la que termina Cañizares su misiva no es muy afortunada en unos tiempos en los que el escándalo de los sacerdotes pederastas en varios países católicos está minando a la Iglesia. “No cerremos los oídos a la palabra de Jesús, quien dijo: ‘Dejad que los niños se acerquen a mí”. Don Antonio, un poco de por favor.

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Una respuesta a LAS “PRESUNTAS SIMONÍAS” DE CAMPS Y CAÑIZARES

  1. Realmente, la mirada de Camps en el abrazo a la estatua del apostol pretende ser más sexy que piadosa… ¿dónde se pensaba que estaba? Hay personas que les ponen una cámara delante y empiezan a posar sin orden ni concierto… En fin, que se guarde la mirada para cuando le sea más oportuna…

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